
Cosas de la vida... Ayer dejaba escrito este texto sobre la crisis existencial del periodismo impreso y hoy me desayuné con la noticia del cierre de la edición impresa del diario Público, para la que he colaborado los últimos tres años. Que no por verse venir desde hace tiempo deja de ser triste. Público es sólo uno más en caer, una ficha más del dominó en esa crisis de la profesión que parece imparable e inevitable. Pero no lo es. Hay luces, también. Oportunidades que abre la crisis. Lo fácil parece en estas horas dejarse llevar por el pesimismo; pero no siempre éste equivale a realismo, y mucho menos a sentido común.
En el ensayo La explosión del periodismo. De los medios de masas a la masa de medios, el director de la edición española de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, recuerda que, desde el estallido de la crisis en noviembre de 2008, casi 5.000 periodistas han perdido su empleo en España. Con el cierre de Público, ahora, serán unas decenas más. Se suman a la legión anual de parados que salen de las facultades de periodismo, aunque éstos, a menudo, son los que más fácil lo tienen para encontrar trabajo como becarios con un sueldo de miseria, cuando no trabajan gratis. Es una de las vías que las empresas de comunicación han escogido para abaratar costes: utilizar becarios como si fuesen redactores. Es lo que pasa cuando un periódico se transforma en una empresa para la cual hacer periódicos no difiere mucho de fabricar zapatos.
Le Monde Diplomatique, con sus decenas de ediciones internacionales, mantiene desde hace décadas su línea de rigor informativo e independencia ideológica, con una línea editorial que no se oculta, marcadamente crítica con el statu quo. Una referencia para mí desde hace años, porque cree en la profundidad de los temas, en la necesidad de contextualizar la actualidad para llegar a una reflexión serena, a una interpretación de los hechos, que no es objetiva, sino rigurosa; que no es neutral, sino intelectualmente honesta. Escribir para ellos fue una de mis mayores satisfacciones como profesional, pues me permitió explicar las diferentes aristas de una realidad, y esa es, para mí, la primera vocación del periodismo. Por desgracia, el Diplô es una rara avis en este siglo XXI donde la primerísima actualidad, contada de forma acrítica y superficial, parece haberse convertido en el norte del periodismo. Pues, como dice Ramonet, no sólo las empresas, sino también los profesionales, parecen haberse olvidado de esa misión de contrapoder que tiene la prensa y acaban plegándose, acomodándose a la necesidad de ganarse los garbanzos haciendo periodismo basura. Las cosas están difíciles, compañeros, pero no nos engañemos: a veces, son autojustificaciones; siempre hay otra manera de hacer las cosas. Los periodistas hemos permitido una grosera devaluación de la profesión que se manifiesta a muchos niveles: desde las ruedas de prensa sin derecho a hacer preguntas (¿¿??!!) a los ridículos precios que se pagan por las colaboraciones.
En medio de este triste panorama, todavía hay idealistas, o realistas que saben que sin un periodismo de calidad, estamos perdidos. Es el caso de los compañeros que lanzaron a fines del año pasado la revista Números Rojos: sí, revista impresa, trimestral, con vocación de profundidad, con excelente calidad tanto en los textos como en el diseño y la impresión. ¿Será que van contra corriente, o tal vez es que la apuesta por la calidad es la única vía con posibilidades de éxito frente a la competencia de Internet?
El segundo número de Números Rojos acaba de salir a la calle, y tengo el orgullo de haber colaborado con un reportaje sobre los grupos paramilitares en Rio de Janeiro, las milicias. Otros asuntos que se tocan en esta edición son: la especulación con los alimentos, los 'misterios' de la deuda pública, el debate sobre la prostitución, los retos de los 'indignados' o la situación siria. El titular de portada define el espíritu de la revista, y no puedo estar más de acuerdo: "Hora de mojarse". Porque vivimos tiempos convulsos. Porque somos cada vez más conscientes de que es necesario cambiar el mundo. Y porque para esa transformación hace falta conocimiento, y el buen periodismo tiene aquí una misión vital, imprescindible.
La revista, que está publicándose con periodicidad trimestral y se vende por seis euros, puede solicitarse on line o adquirirse en estos puntos de venta. Os aseguro que vale la pena. Es para tenerla, y regalarla, y coleccionarla. Ayudadme a divulgarla, ¿sí?
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